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10/08/2026Los principales retos de la seguridad vial en España: qué está cambiando en las carreteras
Existe una paradoja cuando hablamos de seguridad vial. Nunca habíamos dispuesto de vehículos más seguros, infraestructuras más avanzadas ni tecnologías más sofisticadas para prevenir accidentes. Sin embargo, el riesgo sigue acompañándonos en cada desplazamiento.
Los principales retos de la seguridad vial en España ya no son los mismos que hace diez o veinte años. Aunque hemos avanzado de forma notable en la reducción de la mortalidad y en la mejora de los vehículos y las infraestructuras, han surgido nuevos desafíos: la creciente vulnerabilidad de peatones y motoristas, la convivencia entre múltiples formas de movilidad, las distracciones derivadas de la hiperconectividad o la necesidad de adaptar la conducción a fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.
Y es que existe una paradoja cuando hablamos de seguridad vial. Nunca habíamos dispuesto de vehículos más seguros, infraestructuras más avanzadas ni tecnologías más sofisticadas para prevenir accidentes. Sin embargo, el riesgo sigue acompañándonos en cada desplazamiento.
La explicación es sencilla: los riesgos han cambiado. Durante las últimas décadas, España ha protagonizado una transformación extraordinaria en materia de seguridad vial. La mejora de las carreteras, el endurecimiento de la normativa, la generalización de los sistemas de seguridad y una mayor concienciación ciudadana han contribuido a reducir de forma muy significativa la mortalidad en carretera.
Pero el progreso no elimina los riesgos, los transforma. Y los estudios e investigaciones desarrollados por Fundación Línea Directa durante los últimos años muestran con claridad que estamos entrando en una nueva etapa de la seguridad vial.
El factor humano sigue siendo el origen de la mayoría de los accidentes
Cuando analizamos las grandes causas de la siniestralidad, llegamos a una conclusión que se repite con independencia del estudio o del tipo de usuario: el comportamiento humano continúa siendo decisivo.
De hecho, los errores humanos siguen estando presentes en entre el 70% y el 90% de los accidentes con víctimas.
Lo observamos en las distracciones, en los adelantamientos, en el consumo de alcohol y drogas o en la adaptación inadecuada a las condiciones meteorológicas. Pero también en aspectos menos evidentes relacionados con nuestras emociones.
Nuestro reciente estudio sobre el Conductor Sostenible reveló que tres de cada cuatro conductores españoles reconocen que se transforman al volante, llegando a enfadarse, insultar o reaccionar de forma agresiva frente a otros usuarios. Este dato resulta especialmente relevante porque sabemos que la agresividad no es únicamente un problema de convivencia: también multiplica x20 el riesgo de accidente grave.
La atención se ha convertido en el recurso más escaso de la conducción
Si hubiera que identificar uno de los fenómenos que mejor simboliza la evolución de la movilidad en la última década, probablemente sería la hiperconectividad.
Vivimos permanentemente expuestos a estímulos que compiten por nuestra atención. Y la carretera no es una excepción.
Según el estudio La vida en un segundo de Fundación Línea Directa, las distracciones provocaron cerca de 238.000 accidentes con víctimas entre 2011 y 2021, causando más de 6.200 fallecidos y 30.000 heridos graves. Además, están presentes en uno de cada tres accidentes mortales.
Aún más revelador resulta que el 76% de los conductores reconozca distraerse al volante con cierta frecuencia.
Durante años pensamos que el principal desafío era aprender a conducir. Hoy el reto es algo diferente: aprender a concentrarnos en un entorno diseñado para interrumpirnos constantemente.
Una movilidad cada vez más diversa y vulnerable
La seguridad vial ya no puede analizarse únicamente desde la perspectiva del automóvil. Las ciudades españolas han cambiado profundamente durante los últimos años. A los vehículos tradicionales se han sumado bicicletas, patinetes eléctricos, motocicletas, sistemas de movilidad compartida y nuevas formas de desplazamiento urbano.
Esta transformación tiene importantes implicaciones para la seguridad.
Los estudios de Fundación Línea Directa muestran que la accidentalidad urbana creció un 42% entre 2011 y 2019 y que los usuarios vulnerables representan ya el 80% de los fallecidos en ciudad.
Detrás de este dato se esconde una de las grandes preguntas que deberán responder las políticas públicas durante los próximos años: ¿cómo diseñar ciudades capaces de proteger de forma simultánea a peatones, ciclistas, motoristas y conductores?
Porque el desafío ya no consiste únicamente en prevenir accidentes. Consiste en garantizar una convivencia segura entre usuarios con velocidades, comportamientos y niveles de protección completamente distintos.
Riesgos que seguimos infravalorando
Uno de los hallazgos más interesantes de los últimos años es que tendemos a subestimar algunos riesgos cotidianos.
La conducción nocturna es un buen ejemplo. Los estudios de Fundación Línea Directa muestran que la noche concentra niveles de riesgo significativamente superiores debido a factores como la fatiga, la somnolencia, la menor visibilidad y una mayor presencia de alcohol y drogas.
Algo similar ocurre con la meteorología adversa. A pesar de que la lluvia, la niebla o los fenómenos extremos incrementan notablemente la probabilidad de sufrir un accidente, muchos conductores siguen sin adaptar suficientemente su conducción a estas circunstancias.
Y a ello se suma un desafío especialmente preocupante: el consumo de sustancias.
Las investigaciones más recientes de Fundación Línea Directa sobre cocaína y accidentes de tráfico evidencian que sigue existiendo una importante brecha entre la percepción social del riesgo y las consecuencias reales que estas sustancias tienen sobre la capacidad de conducción.
La próxima revolución de la seguridad vial será cultural
Las distracciones, la agresividad al volante, la accidentalidad de peatones y motoristas, la influencia de la meteorología adversa o el consumo de drogas parecen fenómenos distintos. Pero todos apuntan en la misma dirección. Cada vez compartimos más espacio con más usuarios. Recibimos más estímulos que nunca. Nos desplazamos en entornos cada vez más diversos y complejos. Y afrontamos riesgos que evolucionan al mismo ritmo que la sociedad.
Por eso, el gran reto de la próxima década no será únicamente reducir el número de accidentes. Será construir una cultura de movilidad capaz de integrar innovación, sostenibilidad, convivencia y seguridad.
Porque, en realidad, la seguridad vial nunca ha tratado de vehículos ni de carreteras. Ha tratado siempre de algo mucho más importante: de la capacidad de una sociedad para proteger la vida en movimiento.
Mar Garre es experta en gestión de personas, cultura corporativa, comunicación y sostenibilidad. Cuenta con más de 25 años de trayectoria en Línea Directa y miembro del Comité de Dirección desde 2008. A lo largo de estos años ha dirigido distintas áreas y proyectos relacionados con la dirección de RRHH, transformación y gestión del cambio, talento, liderazgo, cultura, comunicación corporativa, sostenibilidad y ha destacado por su labor comprometida con la seguridad vial. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Asesoría Fiscal de Empresas por la Universidad CEU San Pablo, ha completado su formación con certificaciones en Coaching Ejecutivo y Coaching de Equipos por la Universidad Francisco de Vitoria y con el Programa de Dirección General (PDG) de IESE. Antes de su incorporación a Línea Directa desarrolló distintas responsabilidades en abogacía y en compañías de logística y consultoría de RRHH. Actualmente es Directora de Personas, Comunicación y Sostenibilidad de Línea Directa Aseguradora y Directora General de la Fundación Línea Directa.
Mar Garre es experta en gestión de personas, cultura corporativa, comunicación y sostenibilidad. Cuenta con más de 25 años de trayectoria en Línea Directa y miembro del Comité de Dirección desde 2008. A lo largo de estos años ha dirigido distintas áreas y proyectos relacionados con la dirección de RRHH, transformación y gestión del cambio, talento, liderazgo, cultura, comunicación corporativa, sostenibilidad y ha destacado por su labor comprometida con la seguridad vial. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Asesoría Fiscal de Empresas por la Universidad CEU San Pablo, ha completado su formación con certificaciones en Coaching Ejecutivo y Coaching de Equipos por la Universidad Francisco de Vitoria y con el Programa de Dirección General (PDG) de IESE. Antes de su incorporación a Línea Directa desarrolló distintas responsabilidades en abogacía y en compañías de logística y consultoría de RRHH. Actualmente es Directora de Personas, Comunicación y Sostenibilidad de Línea Directa Aseguradora y Directora General de la Fundación Línea Directa.
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